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MABOITÍ ÍNTIMO Nelsonrafael Collazo En las alturas máximas de Boriquén, en las tierras que un día señoreó el valiente Cacique Jayuya, vivió Maboití. Él fue el hermano del coquí bullanguero, de aquel que entona aún la canción milenaria de nuestros ancestros. Elpidio Collazo González Maboití era el hombre de las maderas olorosas y resistentes. Era el amigo del majestuoso guaraguao y del Guatibirí. Sobre todo ,era el Gran Señor de la Aves. Elpidio Collazo, el más reconocido artesano tallista de aves puertorriqueñas, en maderas nobles de Puerto Rico, era el heredero directo de Maboití ,el gran tallador de petroglifos y el predilecto también del buen dios taino Yocajú Bagua Maorocotí. Fue uno de esos pocos hombres con un espíritu desbordante e inmenso. Poseía un alma tan grande ,que su morada material se hacía pequeña para él. Debió ser un gigante prehistórico, pero quizás nació fuera de época. El artista y el hombre que en él estaban, luchaban por un mismo lugar. El ser humano sencillo que en él habitaba, se negaba a sucumbir ante el artista cada día más absorbente. Agraciadamente después de treinta y cinco años en el arte, siguió siendo el hombre de gran talento, humilde y sencillo de siempre. La fama le mostró la dulzura amarga que la caracteriza. Conoció que los premios y reconocimientos traen a veces soledad y tristeza, un tanto extraña. Acercándose a los que amaba estos iban distanciándose más. La gloria le trajo muchas veces la soledad y no es agradable estar solo con su soledad. Maboití era un hombre agradecido de la vida. Compartió sus experiencias y sabiduría diaria, con sus amigos y con la naturaleza que le proveía de la materia básica y necesaria para el buen desarrollo de su expresión artística. Encontraba en ésta naturaleza amiga: el cedro oloroso, la caoba resistente, el duro guayacán y la hermosa maga. De las entrañas de la tierra extraía las centenarias raíces en que descansarían para siempre sus hermosas aves talladas en madera. Estas raíces durmieron por siglos en lo profundo de nuestros bosques en espera de que ese gran artesano puertorriqueño las inmortalizara como en un prodigio de resurrección. Ese hombre de aspecto sencillo, mirar tímido y de lento caminar, era un ser extraordinario. Gracias a sus hábiles manos, a su dedicación, inteligencia y compromiso las aves puertorriqueñas quedaron inmortalizadas para siempre y en la eternidad. Lentamente las cuchillas por él manejadas buscaban afanosamente a las aves que dormían apaciblemente en el interior.de las maderas. Esta búsqueda insistente de las aves dormidas en nidos profundos de fibras y sabia, parecía ser una obsesión. Cada una de sus hermosas obras cobraba vida haciéndose dueñas del espacio y el tiempo. Cada ave por él tallada levantaba el vuelo de la ilusión y la fantasía. Elpidio Collazo Maboiti presentía que las aves por él creadasquizás durarían más que aquellas que él vio volando por los aires de Boriquén. Si grande fue la obra de este gran artesano puertorriqueño nacido en Jayuya, La Tierra Alta, más grande fue su existencia como persona y ser humano. Fue un artista muy consciente del valor de sus raíces como pueblo y nación. Elpidio Collazo Maboiti se sintió siempre muy comprometido con nuestro quehacer cultural. Por eso el pueblo Jayuyano y el pueblo puertorriqueño celebran todos los años su natalicio durante todo el mes de octubre. |